Trabajadores en contacto con la muerte

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Grupo de Acompañamiento

Sesiones online

He recorrido un proceso largo en mi andadura vital en contacto con la muerte. He vivido el dolor desgarrador de tener que apartarme de seres queridos. Creo que es tremendamente difícil estar preparado para afrontar la muerte. Por mucha formación que tengas por mucha consciencia y capacidad de desapegarte que tengas, aunque lo asimiles, aunque lo veas venir, aunque por evolución sea natural, la muerte de alguien casi siempre duele, nos toca el corazón, nos hace temblar por dentro y muchas veces por fuera. En función del vínculo ese dolor puede ser más profundo, más desgarrador… pero a pesar de no existir vínculo, la muerte siempre te atrapa, te hace dar un paso atrás, te roza con sus dedos y te atrapa el miedo. Mirar a la muerte significa sentir que somos efímeros, que nos puede tocar a nosotr@s, a alguien querido. Jugamos al escondite intentando poner corazas para que no nos afecte pero esas corazas, en algún momento, aunque sea por décimas de segundo, caen por su propio peso y te quedas delante de ese precipicio gigante sin saber si hay un camino fácil para atravesarlo. Y, la verdad es que no, no suele haber un camino fácil. Algunas personas deciden no cruzar al otro lado y se pierden el mundo, la vida que en el otro lado habita. Otras, se toman su tiempo, niegan su existencia hasta que se sienten preparados para explorar, para darse permiso a sanar y   transformar el dolor en algo bello. Frecuentemente, al final del camino del duelo, encontramos la belleza de un corazón más sensible, más empático, más solidario, más comprensivo y amoroso. Porque el impulso vital de nuestro cuerpo, de nuestro cerebro y de nuestro corazón es el de latir con fuerza y esperanza y si integramos todo eso y nos permitimos sanar nuestras lágrimas, nuestra rabia, culpa, vergüenza, etc., la oscuridad dará paso a la luz y esa semilla que en nosotros anida, la de la compasión, se convertirá en un brote poderoso que germinará, crecerá y llenará de vida ese suelo que estamos nuevamente habitando.

KANA, significa brote y sin darme cuenta, concluyo esos párrafos previos con un brote que germina y se transforma en un tronco potente que habita un nuevo lugar. Un lugar hermoso, que provoca la admiración y el anhelo en otr@s. Emociones que te animan a emprender tus propios pasos en tu camino de duelo, el camino de nutrir tu propio brote para que se convierta en otro tronco que acoge y sostiene.

Eso es Kana, eso es este grupo de acompañamiento a profesionales en contacto con la muerte, un espacio de contención, un especio de acogimiento, un lugar donde aprender, donde nutrirse, donde mirar, mirarse, y que todo ello te permita crecer, nutrirte, admirar, admirarte, y fortalecerte para acoger y sostener a otros/as…Y el ciclo de la vida sigue, de semilla a brote, de brote a planta, de planta al árbol y cuando el fruto cae y muere vuelve a ser semilla para iniciar un nuevo ciclo de vida.

Una vez me dijo un profesional en una sesión de formación, en que proponía conocernos y hacía alguna pregunta de carácter más personal y él respondía que no quería contestar porque quería hablarme solamente como profesional y yo le decía; «¿ese profesional no es acaso primero persona?».  Y es que no podemos separar los procesos personales y profesionales completamente. En casa somos mujer, hombre y nos preocupamos de los seres queridos y sufrimos cuando ellos sufren y se nos rompe el corazón cuando nos faltan. En el trabajo no es la misma intensidad pero también una parte de nosotros/as sufre. No debemos disociarnos, porque precisamente ese dolor humano, de conexión y sintonía nos hará mejores profesionales y ofreceremos un servicio más cálido y humano, en definitiva mejor. Sin embargo, también es necesario que hayamos curado nuestras heridas para que no pongamos en el contexto profesional las cuestiones no resueltas personalmente. Nuestro propio dolor negado nos puede hacer huir, nos puede hacer ir deprisa, nos puede enfadar, entristecer y eso hacer que tratemos al otro como no merece. Incluso nuestras creencias y nuestros propios prejuicios influyen constantemente en nuestra vida, también en el entorno de trabajo.

Muchos psicólogos estamos acostumbrados a supervisar y así evitar que nuestras vivencias afecten a nuestra labor profesional. Supervisamos también para aprender nuevas maneras de abordar situaciones conflictivas, para desahogarnos, encontrar el apoyo de profesionales iguales que tu. Rompemos el silencio, exponemos nuestras vidas, nuestro trabajo para no estar tan solos, para aprender, para cuidarnos. Porque si no cuidamos de nosotr@s mism@s, se hace muy difícil cuidar de otras personas.

En otros contextos profesionales la supervisión es menos frecuente. Además, de la muerte no habla nadie…  Algunas profesiones son solitarias, mucho…

Si eres un profesional en contacto con la muerte, ¡Este es tu espacio!

Quiero parar el silencio de tus sentimientos y ofrecerte un espacio para que puedas

hablar.

Quiero que puedas eliminar el sentimiento de incomprensión que muchos días te puede embargar.

Quiero que puedas sustituir el sentimiento de soledad por el de compañía.

Quiero que puedas mirar tus errores y tus aciertos con alegría y respeto. Ambos son necesarios en el camino del aprendizaje.

Quiero que junt@s podamos despedirnos, soltar, reconocer que la muerte nos toca, nos marca, nos duele, nos asusta. Que podamos compartir esas experiencias para poder sanarlas y ofrecer un servicio más humano y cercano en el que también nos cuidemos. Siempre, lo importante es cuidarles pero sin olvidar cuidarte.

Quiero que en el calor del grupo te sientas acompañado. En  grupo  compartes,  perteneces, participas,  descubres,  vives  un ambiente  de  respeto,  amor  y confianza  que  te  permite  tomar conciencia  de  algo  que  no  habías visto  antes  para  seguir  dando  pasos crecer como profesional. Recuerda, a acompañar se aprende, sobre todo, siendo también acompañado.

El proceso de muerte y despedida es uno de los más profundos y transformadores que hay. Ser un@ profesional que acompaña a otr@s en sus últimos días o a familiares que afrontan esa pérdida, puede llenarnos de emociones que viene bien compartir. Quiero que tengas el espacio en el que compartir esas experiencias, emociones, lecciones de vida y de muerte.

Esto y todo lo que el grupo quiera ofrecer y sostener puedes llevarte participando en este grupo de acompañamiento a profesionales en contacto con la muerte.

Reserva tu plaza ya en hola@kanapsicologia.com

 

Grupo online, 19 octubre, 16 noviembre, 14 de diciembre 2018, 18 enero, 15 febrero y 15 de marzo, 12 abril, 17 de mayo y 14 de junio de 2019. Inversión 25 euros sesión (dos horas). Compromiso de asistencia a todas las sesiones. Grupos de 5 personas.

Dirigido a cualquier profesional en contacto con la muerte: enfermeros/a, cuidados paliativos, doulas, psicólogos, trabajadores sociales, etc.

Si quieres participar escribe un mail a hola@kanapsicologia.com

 

Grupo dirigido por: Marta Gómez de la Vega. Psicóloga colegiada y psicoterapeuta humanista integrativa, acreditada por APHICE (Asociación de Psicoterapia Humanista Integrativa y Counselling de España) y FEAP (Federación Española de Asociaciones de Psicoterapia) con más de 12 años de experiencia y que en la actualidad desarrolla esta actividad en su propio centro. Formación especializada en trauma y duelo y con experiencia como docente y supervisora.

Autora de varios artículos La escritura terapéutica y El perdón en el duelo. Los cuentos como herramienta terapéutica, publicados en la revista de psicoterapia Bonding.

Autora del libro Pinceladas de Sentimientos. Relatos de duelo. Publicado por la Editorial Niño Libre.

 

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